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Cementerio - La colonia de suizos valesanos de San Jerónimo Norte
Indice del artículo
Cementerio
La colonia de suizos valesanos de San Jerónimo Norte
La organización física general del cementerio
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La colonia de suizos valesanos de San Jerónimo Norte

Las últimas décadas del siglo XIX condensaron en Argentina un tiempo de extensas luchas internas por lograr la Organización Nacional y la estructuración política sustentada en los ideales republicanos y liberales, a semejanza de lo ocurrido en algunas naciones europeas. Se deseaba fervientemente llegar a ostentar la grandeza alcanzada por Inglaterra y Francia, las que se habían constituido en países hegemónicos en cuanto a la cultura y la economía liberal.

Finalmente, la imposición de este pensamiento rector se tradujo en un período prolongado de paz y riqueza económica y, en consecuencia, en un volumen considerable de obra construida. Las nuevas necesidades edilicias –oficiales: escuelas, sedes de los gobiernos nacional y provinciales, hospitales, de infraestructura: puertos, ferrocarriles, servicios urbanos-, sumando a los de la Curia y las órdenes religiosas, surgieron en todo el territorio argentino configurando la imagen de un Estado ordenado coherentemente hacia el progreso.

La masa inmigracional que llegó al país favorecida por los postulados de la Constitución de 1853 buscó la posibilidad de acceder a la propiedad rural que se les ofrecía a través de los sistemas de colonización impulsados por el Gobierno Nacional. En las nuevas etnias incorporadas surge el fenómeno de la adaptación al medio, la paulatina incorporación de las estructuras económicas propiciadas por la agricultura, las modificaciones de hábitos y el gradual ascenso social otorgado por la aceleración de la urbanización, ya sea en ciudades como Buenos Aires, Córdoba y Rosario, como también por la multiplicación de los núcleos urbanos de las colonias agrícolas que modifican definitivamente la geografía política argentina. La colonia San Jerónimo Norte   (1857/58) fue organizada para dar lugar a los inmigrantes imposibilitados de acceder a las concesiones de Esperanza (establecida en 1856 fue la primera colonia agrícola que prosperó en el territorio provincial y nacional) por estar todas ocupadas, generándose una inmigración espontánea de colonos suizos montañeses, católicos y que,  “... a pesar de que no pertenecía en general a la clase de agricultores en su país, son sin embargo intelijentes (sic) é (sic) industriosos”

Uniendo filantropía y especulación económica, un comerciante de origen inglés, Ricardo Foster   – sindicado como el fundador de la colonia - ofreció los terrenos que había adquirido sobre la margen occidental del río Salado, hacia el oeste del poblado de Santo Tomé y en proximidades de la reducción aborigen de San Jerónimo del Sauce. La iniciativa no prosperó y Foster concluyó que era más acorde a las circunstancias contratar familias europeas que depender de una aleatoria inmigración. Hacia 1865 llegaron alrededor de 40 familias aunque entre 1871 y 1878 la cantidad de nuevos vecinos decreció. Pese a esllo, se asentó definitivamente el patrón cultural del cantón del Valés, conservador a ultranza de las costumbres y tradiciones propias.

3. El cementerio de la colonia: consideraciones históricas

Entre los valesanos, la religión católica era un elemento de amalgama fundamental ya que “... podemos dar por sentado que en el siglo XIX no se han producido en el Alto Valés emigraciones motivadas por conflictos religiosos porque todos sus habitantes profesaban unánimemente el credo católico, y la reforma protestante, salvo algunos casos esporádicos acontecidos en el siglo XVIII, nunca logró prender en el alma de los valesanos”.”

Este es el motivo por el cual luego de la determinación del sitio preciso para la construcción de la iglesia y de la escuela por parte del Departamento Topográfico, la obra del cementerio se inició inmediatamente, ya que “... el 7 de agosto de 1865, se delimitó la fracción de tierra que se destinaba par el campo santo y el 20 de setiembre se depositó en su suelo el primer cadáver que fue [el de] Catalina Perrig. El acta de defunción existente en el archivo parroquial dice: ‘En el año del Señor de mil ochocientos sesenta y cinco, día veinte  de setiembre fue sepultada en el cementerio de esta colonia de San Gerónimo, Catalina Perrig. F. Federico Tewes. Misionero Apostólico’  ”

En su origen, el cementerio era sencillo, sin mayores ornamentos que una cruz de madera en el centro y limitado por un cerco de madera. Hacia 1883 se edificó una capilla en medio del cementerio y en 1885 se ubicó un via crucis sobre el perímetro que luego, ante los deterioros posibles de sufrir por estar a la intemperie, se retiraron las escenas y se llevaron al interior de la capilla. Los testimonios orales recogidos en el poblado cuentan que en las primeras décadas del siglo XX, dos familias, la de Salomón Jullier y la de Federico Zurbriggen,  comenzaron a levantar panteones –que enfrentan sus ingresos- sobre la actual calle principal del cementerio. Se enfilan luego, los de  las familias de José Jullier, Ignacio Bistchin, Basilio Barlatey y otros, configurando una calle paralela al muro que separaba el campo santo de las fracciones circundantes, con lo cual, los ingresos a los edificios funerarios se ubicaron enfrentando al poblado. Una práctica, quizá extraña para la común disposición de los cementerios, pero con una intencionalidad – consciente o no - que en la actualidad permite observar, desde el pueblo, un perfil recortándose sobre el fondo del cielo más acorde a una ciudad que a un cementerio.



 

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